Y los silencios...:
A los familiares que con sólo unas
frases confirmaron mis recuerdos.
A los que prefirieron eludir mis preguntas, ya que con su silencio
fortalecieron aún más mis recuerdos.
A mis padres y abuelos que, donde estén en paz,
consiguieron hacerme escribir.
A mi gran apoyo y amor de hijo, David, que me ayudó en todo.
Gracias hijo y seré valiente como la ”ratita”.
A la ciudad más dura y a la vez entrañable, Cartagena